Becker: escribe, edita, re-escribe

La idea de este blog era poder hacerme el hábito de escribir un poquito en español, cada tanto, e ir contando cómo van las cosas en el doctorado. Informar, también, de eventos y publicaciones de interés para analistas del lenguaje y el cuerpo en interacción. Y, quizás, por ahí, ofrecer alguna que otra traducción, o análisis, o una reseña. Me parece increíble que haya pasado tanto tiempo desde mi último post en octubre. No me ha sido difícil encontrar el tiempo para escribir. Ha sido más difícil poder articular lo que quiero decir. Y puesto que me toma varios minutos encontrar la palabra perfecta, al final, me siento frustrado y juzgo la faena como inútil e innecesaria.

Becker me está ayudando a superar esta frustración; que en parte es temor de sentir que no puedo comunicarme claramente por escrito. Si me es complicado en español, “el lector” se puede imaginar cuánto más difícil me puede ser el trabajo en inglés. El libro que estoy leyendo es Writing for Social Scientists de Howard Becker, publicado originalmente en 1986. Nos lo mandaron a leer para la clase de métodos de investigación sociológica aquí en UCLA.

Antes de adentrarse en los problemas específicos de la escritura académica en las ciencias sociales, Becker ofrece dos sugerencias para cualquier interesado en la escritura como profesión. Las sugerencias son escribe y edita. Escribir requiere tiempo, pero requiere, antes que nada, palabras sobre el papel. Ningún texto nace “perfecto” – si algo así se puede alcanzar. O se vuelve “perfecto” tras la primera revisión. Escribir requiere volver al texto varias veces. Es el proceso de edición lo que consigue, al final, un buen texto. Y esto presupone tiempo y cabeza fría en cada leída. Pero, antes que nada, hay que producir aunque sea un bosquejo que se pueda someter a corrección.

Algunos extractos del primer capítulo del libro (Chicago, 2007, segunda edición):

“Then I said they could really start by writing almost anything, any kind of a rough draft, no matter how crude or confused, and make something good out of it. […] I explained that such a draft would help them find out what they might have to say.” (p. 13).

“Most of the students had a more conventional view, embodied in the folk maxim that if you think clearly, you will write clearly. They thought they had to work everything out before they wrote Word One, having first assembled all their impressions, ideas, and data and explicitly decided every important question of theory and fact. Otherwise, they might get it wrong. […] My theory leads to the opposite view: you have already made many choices when you sit down to write, but probably don’t know what they were. That leads, naturally, to some confusion, to a mixed-up early draft. But a mixed-up draft is no cause for shame. […] Knowing that you will write many more drafts, you know that you need not worry about this one’s crudeness and lack of coherence. This one is for discovery, not for presentation.” (p. 16-7)