Traducir a Sacks

Sacks Lect FrontMe encuentro a unas semanas de iniciar el doctorado en UCLA–where it all started <3–y me he propuesto, finalmente, comenzar también con este otro proyecto que tengo en mente desde que descubrí el Análisis de la Conversación (AC) hace unos años y lo poco que tenemos publicado sobre él en castellano (sé que debería comenzar a acostumbrarme a decir ‘español’, pero me cuesta).

Si bien sería injusto atribuir el origen del AC a una sola persona, sabemos que gran parte de la descripción conceptual y fundamentación analítica y metodológica del AC se gesta en las clases de sociología que Harvey Sacks impartía en la Universidad de California; primero, desde 1964 en el campus de Los Ángeles; y, luego, en el campus de Irvine, desde 1968 hasta su muerte temprana en 1975. Hago la salvedad de inicio, pues sabemos que es la interacción social académica, antes que el eureka detrás de un escritorio, la que suele ser la incubadora de las mejores ideas–y, por experiencia lo digo, es frente a un auditorio que se despliegan los mejores esfuerzos por sintetizar lo complejo y por argumentar ordenadamente.

Cómo y por qué las cátedras fueron grabadas, lo desconozco en este momento; pero sabemos que fue Gail Jefferson quien las transcribió casi en su totalidad y editó posteriormente para que puedan ser publicadas en Blackwell como dos volúmenes titulados Lectures on Conversation (Sacks, 1992). Por esta misma edición, que presenta Emanuel Schegloff, sabemos que, antes de publicadas, las cátedras transcritas circulaban entre los colaboradores e interesados como copias mimeografiadas (de las que, de hecho, me gustaría conseguir una). Es esta edición, reimpresa en 1995, la que estoy usando para mi traducción.

Tras revisar el material encuentro dos primeras dificultades para llevar a cabo el proyecto. La primera es, claramente, la cuestión terminológica. Ya que no hay mucho traducido sobre AC en castellano y mucho menos investigaciones publicadas (AC Latinoamérica encuentra en esto su razón), me temo que tendré que proponer algunas acuñaciones conforme realice el trabajo. Para esto, claro, estoy revisando y cotejando mis propuestas con algunas publicaciones españolas (e.g. las de Helena Calsamiglia, Ampara Tusón, Antonio Briz y Val.Es.Co, entre otros investigadores españoles del, así llamado, “discurso oral”), que si bien no provienen de la tradición etnometodológica propia de la sociología, se aproximan al castellano, principalmente, en su uso oral e interaccional.

Aunque parezca ya purita antipatía reparar en esto, por ejemplo, traducir el nombre de la disciplina (ing. ‘conversation analysis’) como análisis de la conversación, ya es, indefectiblemente, tomar una postura–más aún si  nos negamos a utilizar indistintamente otra posible traducción, como es análisis conversacional. Por ejemplo, la comunidad brasilera de estudiosos del lenguaje en interacción distingue, sistemáticamente, análise da conversação y análise da conversa etnometodológica como dos líneas distintas de investigación en la actualidad que, aunque comparten objeto de estudio, se aproximan a él desde perspectivas distintas y tienen, a su vez, orígenes diferentes.

Otro ejemplo es el fenómeno de ‘turn-taking’, que suele traducirse como alternancia de turnos en español (e.g. Calsamiglia & Tusón, 1999) y tomada de turnos en portugués (e.g. Loder & Jung, 2008). Me pregunto si no es más fiel y precisa la traducción de toma de turnos–similar a la elección portuguesa–que la de alternancia de turnos que, a mi juicio, describe, más bien, una característica de la dinámica interaccional, que es, justamente, que los turnos se alternan (Sacks, Schegloff & Jefferson, 1974).

Estoy próximo a concluir la traducción de la primera cátedra–término por el que he optado para traducir ‘lectures’– y una segunda dificultad se hizo patente desde el primer párrafo. Ya que se tratan justamente de cátedras, de clases impartidas por Sacks en la universidad, el carácter de la composición es oral y este estilo se ha mantenido en la edición inglesa. Es difícil, pues, capturar en la oralidad del castellano (además, en un castellano oral, académico y estandarizado para Latinoamérica en la medida de lo posible) la belleza y simpleza con la que Sacks describe aspectos sumamente complejos de la interacción social humana; esto, claro, sin perder precisión y rigor, que es justamente la razón misma de este proyecto.

Sin duda, traducir a Sacks se me está haciendo un excelente ejercicio académico. No solo para comprender profunda y detalladamente sus ideas, sino para apropiarme de ellas en castellano y encontrarle cadencia y fluidez a mi propia argumentación al ritmo de la voz del maestro. Ya les iré contando cómo va todo.


Referencias.

Calsamiglia, H. & Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona: Ariel.

Loder, L.L. & Jung, N.M. (2008). Fala-em-interação social: Introdução à análise da conversa etnometodológica. Rio de Janeiro (?): Mercado de Letras.

Sacks, H., Schegloff, E. & Jefferson, G. (1974). A Simplest Systematics for the Organization of Turn-Taking in Conversation. Language, 50(4): 696-735.

Hace más de lo que sabemos (En respuesta a Mario Montalbetti)

“Una perspectiva social del lenguaje meritoria sustituye la crítica por el “diseño” y privilegia, con esto, la acción interesada de los productores de signos, conscientes de la historia y el potencial de sus recursos lingüísticos y de sus acciones al producirlos. Y así, la lingüística social pasa a ofrecer una perspectiva plausible sobre el lenguaje, una teoría lingüística plausible”. – G. Kress (1)

En una reciente entrevista para Casa América acerca de lo que sabemos sobre el lenguaje, el lingüista Mario Montalbetti muy atinadamente parte por distinguir tres formas de entenderlo para luego exponer qué y cuánto sabemos de él en cada caso. Así, si entendemos el lenguaje como objeto biológico, es decir, como una emergencia evolutiva en la especie, nos advierte que sabemos “casi nada”. Si más bien, definimos lenguaje como estructura, nos dice, sabemos “un poco más, aunque no mucho”. Y, finalmente, si entendemos el lenguaje como un instrumento que utilizamos para nuestros intercambios cotidianos, pues sabemos “un montón de cosas”, aunque inmediatamente advierte que “mucho de lo que sabemos es puramente anecdótico y casuístico”.

Quisiera comentar aquí sobre esta última afirmación de Montalbetti con la que estoy de acuerdo en parte: sí, sabemos mucho sobre el lenguaje en sociedad, pero este conocimiento supera lo anecdótico, lo casuístico y quizás también la lingüística.

La distinción tripartita de Montalbetti, si bien bastante extendida en la academia, es ilusoria. Aunque se presentan como distintas, las tres definiciones que se exponen presuponen, fundamentalmente, una misma concepción del lenguaje como sistema que compone estructuras. Así, en tanto emergencia evolutiva, pues habrá que indagar el asiento biológico de dicho sistema; y en tanto instrumento social, en palabras del lingüista, “su adecuación a contextos cotidianos”. Fundamentalmente, entonces, en las tres definiciones, el lenguaje es forma, es estructura, es un juego de Lego; y sabremos de él, menos o más, según con qué lo vinculemos.

Obsérvese además que, mientras el sistema puede ser “objeto biológico”, el lenguaje nunca es, para Montalbetti, “objeto social”, es decir, práctica, actividad, hecho, discurso; sino instrumento, herramienta, utensilio o, en sus palabras, “adecuaciones de nuestras estructuras lingüísticas a contextos cotidianos”. Y el lenguaje en sociedad definido así es anodino y problemático y consecuentemente produce descripciones anecdóticas y casuísticas.

Ahora bien, si entendemos el lenguaje como práctica social la cosa cambia y sabemos, en efecto, muchas cosas. Sabemos, por ejemplo, que la interacción social, que instituye la socialidad humana, se sostiene, en gran parte, gracias al lenguaje. Sabemos que el habla en interacción es una práctica cuidadosamente calibrada a partir de la alternancia de turnos y la organización secuencial de la acción, que funda nuestra intersubjetividad y nos permite así, por ejemplo, responder preguntas indirectas en el cine y advertir anuncios de amenazas potenciales. Sabemos que muchos de los recursos lingüísticos para la acción, si bien varían culturalmente en forma, parecen exhibir una organización bastante similar en la interacción, por ejemplo, en el diseño de preguntas y sus respuestas, en la procura de enmiendas ante problemas de escucha y comprensión, o en la preferencia en el ordenamiento y expectativa de ciertas acciones y actividades por sobre otras en la conversación cotidiana.

Sabemos también que, justamente por su carácter social, la práctica lingüística es el espacio por excelencia para la negociación de relaciones sociales a partir de deberes y derechos asociados a la performance de identidades. Sabemos, por ejemplo, que en la cotidianidad más casual, las disculpas exhiben un diseño proporcional a las ofensas que buscan remediar en relación con potenciales daños a la imagen. O que a través de la dilatación, la pasivización y la composición silogística de los enunciados, la provisión de “malas noticias” en la consulta clínica pueda tornarse una actividad solidaria e imprimir empatía en la racionalidad aparente y estereotípica de la práctica médica. O que, por último, no sea difícil que una entrevista a un candidato político de origen andino se torne un ejercicio tutelar propio del más perverso salón de clases a partir del control de los turnos, la corrección explícita y el habla simultánea.

Sabemos, finalmente, que el lenguaje no es un medio transparente para describir el mundo, sino que, en tanto hecho social, en él se manifiestan ideologías de diversa índole y a través de él se reproducen y naturalizan desigualdades, injusticias y se ejerce poder. Sabemos que las metáforas de guerra, la disociación en la deixis y la negación aparente son recurrentes en el discurso que sustenta la discriminación. Sabemos, además, que estas son construcciones retóricamente efectivas y que suelen ser aprovechadas, recurrentemente, en la discusión política. Sabemos, igualmente, que tanto como para reprimir y fraccionar, el lenguaje puede visibilizar el género, darle voz al oprimido y contribuir al cambio social. Sabemos pues, a fin de cuentas, que el lenguaje en sociedad, mucho más que adecuar conocimiento lingüístico al mundo, es el lugar por excelencia para fijar significados y construir conocimiento y subjetividades.

Si por lenguaje o quizás mejor por lingüística entendemos solo el conjunto de saberes sobre la estructura lingüística, su asiento biológico y su adecuación contextual, no hay pues espacio para reconocer el papel activo del lenguaje en la organización y reproducción de la sociedad. O, con Foucault, para ponerle límites a lo que puede ser enunciado. Ahora bien, si definimos, el lenguaje como un tipo de práctica social y observamos su dinámica más allá de una noción escueta del “uso”, podremos saber mucho más de lo que ya sabemos y en principio hacer más de lo que como sujetos sociales creemos que podemos hacer.


(1) Kress, G. (2001) From Saussure to Critical Sociolinguistics: The Turn Towards a Social View of Language. En Wetherell, M., Taylor, S., & Yates, S. J. (Eds.) Discourse Theory and Practice (29-38). Londres: Sage. (La traducción es mía).

OCP Blog. Orden en cada punto

“Pero si se dan cuenta, o asumen, o deciden que lo que sea que la gente hace es, pues, producto animal a fin de cuentas, quizás más complicado que algún otro, pero tal vez ni siquiera perceptible como tal, entonces, lo que sea que la gente haga podrá ser examinado con el propósito de descubrir la manera cómo se hace, y esa manera puede describirse.

Más aún, podrían comprobar que el hecho de que exista ‘orden en cada punto’ puede ser usado para mostrar lo que, en otras circunstancias, sería tenido como fenómenos extraños […].

Ahora, si uno por fin se da cuenta de que esta es la manera en que las cosas se dan hasta cierto punto, pues no habría mucho problema respecto de qué es aquello que se inspecciona, siempre y cuando se inspeccione con cuidado. Y podrán incluso reparar en que ya cuentan con grandes posibilidades de hacer generalizaciones; en tanto las cosas se encuentran organizadas de tal manera que ese orden es capturable. Esto, sobre la base de que incluso un Miembro, que está expuesto a un ambiente por demás limitado, es capaz de capturar dicho orden, pues las cosas están organizadas de tal manera que se lo permiten” (pp. 484-5, cursiva añadida).

Sacks, H. (1992 [1966]) Lecture 33. On sampling and subjectivity. En Jefferson, G. (Ed.) Lectures on Conversation (pp. 483-8). Cornwall: Blackwell. Traducción mía, el 13 de junio de 2014.