La erre y la realidad de los sujetos

Ahora que vuelvo al video de los Castellanos del Perú y escucho el argumento de que “no hay nada en la erre sibilante que la erre vibrante tenga, así como no hay nada en la erre vibrante que la erre sibilante tenga”, pienso en lo siguiente.  Que aunque correcto en el laboratorio, este argumento es completamente ajeno a la realidad de los sujetos que se enfrentan a estos dos tipos de sonidos en la vida cotidiana.  No es pues extraño que mis alumnos tengan dificultades en asimilarlo y, crucialmente, en usarlo como argumento fuera del salón de clases o círculos académicos.  Para el peruano de a pie, contrariamente, hay mucho en la erre sibilante que la erre vibrante no tiene, así como hay mucho en la erre vibrante que la erre sibilante no tiene.  Y ese ‘mucho’, en cualquiera de las dos posiciones, es parte sustantiva de su experiencia y accionar como sujeto social en la vida cotidiana.  En la vida cotidiana, el sujeto no se enfrenta a erres vibrantes y sibilantes, a fricativas, oclusivas, nasales, adverbios, diminutivos u oraciones subordinadas; el sujeto se enfrenta a otros sujetos que en su actuar muestran una amalgama de hechos culturales —entre ellas, sonidos del habla— que los identifican (indexan, suele ser la jerga) como parte de un grupo social.  Y es sobre esta identificación que juzgamos asociarnos o desasociarnos de aquél.  Tomando en cuenta la realidad social del sujeto, el argumento debería apuntar a mostrar que lo que hay, en cambio, mucho en ambos tipos de erres, pero que ese ‘mucho’ es resultado de un proceso histórico complejo de subyugación del que también participa el lenguaje.

Profesionalización de la carrera

Desde el día uno de mi primer año aquí en UCLA el programa y la División de Graduados ha puesto énfasis constante en la profesionalización de la carrera. Nuestra charla introductoria al programa terminó con una discusión sobre posibilidades de empleo como sociólogo. De ahí, hemos tenido muchas más. Desde el día uno se han preocupado por que pensemos, desde ya, qué haremos con tres letras al final de nuestro nombre y un culo de conocimiento sobre una tajadita enana del mundo social.

Me alucina que la profesionalización de la carrera en general y del análisis de la conversación, también, en particular, esté tan presente a lo largo y desde inicio de la formación académica. Es un poco agobiante pensar en esto desde ahora, pero entiendo el propósito. Es claramente prioridad de la universidad asegurarse de que sus graduados, que llevarán su nombre, apunten y consigan los mejores empleos fuera y dentro del mundo académico. Y nadie les grita que son unos vendidos a los intereses del mercado o que están acomodando su formación a intereses particulares – nadie siquiera lo insinúa. Todo el mundo sabe que de algo tenemos que vivir y que puesto que cada vez es más competitivo conseguir una posición de tenure track, desde ya hay que ajustar el perfil a otras posibilidades.

Esta preocupación sensata e informada de la profesionalización de las carreras debería ser parte de la evaluación y rediseño de los programas académicos en pregrado y posgrado. Si estamos abriendo programas solo para darle trabajo a los docentes, bueno, pues hay que repensar el sistema y nuestra idea de formación de calidad.

Becker: escribe, edita, re-escribe

La idea de este blog era poder hacerme el hábito de escribir un poquito en español, cada tanto, e ir contando cómo van las cosas en el doctorado. Informar, también, de eventos y publicaciones de interés para analistas del lenguaje y el cuerpo en interacción. Y, quizás, por ahí, ofrecer alguna que otra traducción, o análisis, o una reseña. Me parece increíble que haya pasado tanto tiempo desde mi último post en octubre. No me ha sido difícil encontrar el tiempo para escribir. Ha sido más difícil poder articular lo que quiero decir. Y puesto que me toma varios minutos encontrar la palabra perfecta, al final, me siento frustrado y juzgo la faena como inútil e innecesaria.

Becker me está ayudando a superar esta frustración; que en parte es temor de sentir que no puedo comunicarme claramente por escrito. Si me es complicado en español, “el lector” se puede imaginar cuánto más difícil me puede ser el trabajo en inglés. El libro que estoy leyendo es Writing for Social Scientists de Howard Becker, publicado originalmente en 1986. Nos lo mandaron a leer para la clase de métodos de investigación sociológica aquí en UCLA.

Antes de adentrarse en los problemas específicos de la escritura académica en las ciencias sociales, Becker ofrece dos sugerencias para cualquier interesado en la escritura como profesión. Las sugerencias son escribe y edita. Escribir requiere tiempo, pero requiere, antes que nada, palabras sobre el papel. Ningún texto nace “perfecto” – si algo así se puede alcanzar. O se vuelve “perfecto” tras la primera revisión. Escribir requiere volver al texto varias veces. Es el proceso de edición lo que consigue, al final, un buen texto. Y esto presupone tiempo y cabeza fría en cada leída. Pero, antes que nada, hay que producir aunque sea un bosquejo que se pueda someter a corrección.

Algunos extractos del primer capítulo del libro (Chicago, 2007, segunda edición):

“Then I said they could really start by writing almost anything, any kind of a rough draft, no matter how crude or confused, and make something good out of it. […] I explained that such a draft would help them find out what they might have to say.” (p. 13).

“Most of the students had a more conventional view, embodied in the folk maxim that if you think clearly, you will write clearly. They thought they had to work everything out before they wrote Word One, having first assembled all their impressions, ideas, and data and explicitly decided every important question of theory and fact. Otherwise, they might get it wrong. […] My theory leads to the opposite view: you have already made many choices when you sit down to write, but probably don’t know what they were. That leads, naturally, to some confusion, to a mixed-up early draft. But a mixed-up draft is no cause for shame. […] Knowing that you will write many more drafts, you know that you need not worry about this one’s crudeness and lack of coherence. This one is for discovery, not for presentation.” (p. 16-7)

 

Próximos eventos de interés para analistas de la conversación

Vaya que me ha costado encontrar el tiempo para armar este post. Estoy en Los Ángeles hace poco más de un mes y por terminar ya la cuarta semana del primer trimestre del doctorado. El sistema trimestral – los quarters – de UCLA hacen que todo pase más rápido. Las tareas y lecturas se acumulan y el tiempo libre no alcanza para armarse un almuerzo decente, lavar los platos o ir al gimnasio – estoy a toda costa tratando de evitar caer en la comida rápida y el sedentarismo al que invitan tanto este país como el extenuante trabajo académico.

Me motiva a escribir este primer post un correo de Galina Bolden, que me ha llegado a través del mailing list del Departamento, con información sobre congresos, conferencias y eventos de interés para analistas de la conversación. El correo de Bolden sirve de recordatorio de fechas límite, pero agrego yo otros eventos que también podrían ser de interés si bien sus fechas de envío ya cerraron. ¿Alguno más en la región?

Eventos 2016

Eventos 2017

 

 

Traducir a Sacks

Sacks Lect FrontMe encuentro a unas semanas de iniciar el doctorado en UCLA–where it all started <3–y me he propuesto, finalmente, comenzar también con este otro proyecto que tengo en mente desde que descubrí el Análisis de la Conversación (AC) hace unos años y lo poco que tenemos publicado sobre él en castellano (sé que debería comenzar a acostumbrarme a decir ‘español’, pero me cuesta).

Si bien sería injusto atribuir el origen del AC a una sola persona, sabemos que gran parte de la descripción conceptual y fundamentación analítica y metodológica del AC se gesta en las clases de sociología que Harvey Sacks impartía en la Universidad de California; primero, desde 1964 en el campus de Los Ángeles; y, luego, en el campus de Irvine, desde 1968 hasta su muerte temprana en 1975. Hago la salvedad de inicio, pues sabemos que es la interacción social académica, antes que el eureka detrás de un escritorio, la que suele ser la incubadora de las mejores ideas–y, por experiencia lo digo, es frente a un auditorio que se despliegan los mejores esfuerzos por sintetizar lo complejo y por argumentar ordenadamente.

Cómo y por qué las cátedras fueron grabadas, lo desconozco en este momento; pero sabemos que fue Gail Jefferson quien las transcribió casi en su totalidad y editó posteriormente para que puedan ser publicadas en Blackwell como dos volúmenes titulados Lectures on Conversation (Sacks, 1992). Por esta misma edición, que presenta Emanuel Schegloff, sabemos que, antes de publicadas, las cátedras transcritas circulaban entre los colaboradores e interesados como copias mimeografiadas (de las que, de hecho, me gustaría conseguir una). Es esta edición, reimpresa en 1995, la que estoy usando para mi traducción.

Tras revisar el material encuentro dos primeras dificultades para llevar a cabo el proyecto. La primera es, claramente, la cuestión terminológica. Ya que no hay mucho traducido sobre AC en castellano y mucho menos investigaciones publicadas (AC Latinoamérica encuentra en esto su razón), me temo que tendré que proponer algunas acuñaciones conforme realice el trabajo. Para esto, claro, estoy revisando y cotejando mis propuestas con algunas publicaciones españolas (e.g. las de Helena Calsamiglia, Ampara Tusón, Antonio Briz y Val.Es.Co, entre otros investigadores españoles del, así llamado, “discurso oral”), que si bien no provienen de la tradición etnometodológica propia de la sociología, se aproximan al castellano, principalmente, en su uso oral e interaccional.

Aunque parezca ya purita antipatía reparar en esto, por ejemplo, traducir el nombre de la disciplina (ing. ‘conversation analysis’) como análisis de la conversación, ya es, indefectiblemente, tomar una postura–más aún si  nos negamos a utilizar indistintamente otra posible traducción, como es análisis conversacional. Por ejemplo, la comunidad brasilera de estudiosos del lenguaje en interacción distingue, sistemáticamente, análise da conversação y análise da conversa etnometodológica como dos líneas distintas de investigación en la actualidad que, aunque comparten objeto de estudio, se aproximan a él desde perspectivas distintas y tienen, a su vez, orígenes diferentes.

Otro ejemplo es el fenómeno de ‘turn-taking’, que suele traducirse como alternancia de turnos en español (e.g. Calsamiglia & Tusón, 1999) y tomada de turnos en portugués (e.g. Loder & Jung, 2008). Me pregunto si no es más fiel y precisa la traducción de toma de turnos–similar a la elección portuguesa–que la de alternancia de turnos que, a mi juicio, describe, más bien, una característica de la dinámica interaccional, que es, justamente, que los turnos se alternan (Sacks, Schegloff & Jefferson, 1974).

Estoy próximo a concluir la traducción de la primera cátedra–término por el que he optado para traducir ‘lectures’– y una segunda dificultad se hizo patente desde el primer párrafo. Ya que se tratan justamente de cátedras, de clases impartidas por Sacks en la universidad, el carácter de la composición es oral y este estilo se ha mantenido en la edición inglesa. Es difícil, pues, capturar en la oralidad del castellano (además, en un castellano oral, académico y estandarizado para Latinoamérica en la medida de lo posible) la belleza y simpleza con la que Sacks describe aspectos sumamente complejos de la interacción social humana; esto, claro, sin perder precisión y rigor, que es justamente la razón misma de este proyecto.

Sin duda, traducir a Sacks se me está haciendo un excelente ejercicio académico. No solo para comprender profunda y detalladamente sus ideas, sino para apropiarme de ellas en castellano y encontrarle cadencia y fluidez a mi propia argumentación al ritmo de la voz del maestro. Ya les iré contando cómo va todo.


Referencias.

Calsamiglia, H. & Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona: Ariel.

Loder, L.L. & Jung, N.M. (2008). Fala-em-interação social: Introdução à análise da conversa etnometodológica. Rio de Janeiro (?): Mercado de Letras.

Sacks, H., Schegloff, E. & Jefferson, G. (1974). A Simplest Systematics for the Organization of Turn-Taking in Conversation. Language, 50(4): 696-735.

Hace más de lo que sabemos (En respuesta a Mario Montalbetti)

“Una perspectiva social del lenguaje meritoria sustituye la crítica por el “diseño” y privilegia, con esto, la acción interesada de los productores de signos, conscientes de la historia y el potencial de sus recursos lingüísticos y de sus acciones al producirlos. Y así, la lingüística social pasa a ofrecer una perspectiva plausible sobre el lenguaje, una teoría lingüística plausible”. – G. Kress (1)

En una reciente entrevista para Casa América acerca de lo que sabemos sobre el lenguaje, el lingüista Mario Montalbetti muy atinadamente parte por distinguir tres formas de entenderlo para luego exponer qué y cuánto sabemos de él en cada caso. Así, si entendemos el lenguaje como objeto biológico, es decir, como una emergencia evolutiva en la especie, nos advierte que sabemos “casi nada”. Si más bien, definimos lenguaje como estructura, nos dice, sabemos “un poco más, aunque no mucho”. Y, finalmente, si entendemos el lenguaje como un instrumento que utilizamos para nuestros intercambios cotidianos, pues sabemos “un montón de cosas”, aunque inmediatamente advierte que “mucho de lo que sabemos es puramente anecdótico y casuístico”.

Quisiera comentar aquí sobre esta última afirmación de Montalbetti con la que estoy de acuerdo en parte: sí, sabemos mucho sobre el lenguaje en sociedad, pero este conocimiento supera lo anecdótico, lo casuístico y quizás también la lingüística.

La distinción tripartita de Montalbetti, si bien bastante extendida en la academia, es ilusoria. Aunque se presentan como distintas, las tres definiciones que se exponen presuponen, fundamentalmente, una misma concepción del lenguaje como sistema que compone estructuras. Así, en tanto emergencia evolutiva, pues habrá que indagar el asiento biológico de dicho sistema; y en tanto instrumento social, en palabras del lingüista, “su adecuación a contextos cotidianos”. Fundamentalmente, entonces, en las tres definiciones, el lenguaje es forma, es estructura, es un juego de Lego; y sabremos de él, menos o más, según con qué lo vinculemos.

Obsérvese además que, mientras el sistema puede ser “objeto biológico”, el lenguaje nunca es, para Montalbetti, “objeto social”, es decir, práctica, actividad, hecho, discurso; sino instrumento, herramienta, utensilio o, en sus palabras, “adecuaciones de nuestras estructuras lingüísticas a contextos cotidianos”. Y el lenguaje en sociedad definido así es anodino y problemático y consecuentemente produce descripciones anecdóticas y casuísticas.

Ahora bien, si entendemos el lenguaje como práctica social la cosa cambia y sabemos, en efecto, muchas cosas. Sabemos, por ejemplo, que la interacción social, que instituye la socialidad humana, se sostiene, en gran parte, gracias al lenguaje. Sabemos que el habla en interacción es una práctica cuidadosamente calibrada a partir de la alternancia de turnos y la organización secuencial de la acción, que funda nuestra intersubjetividad y nos permite así, por ejemplo, responder preguntas indirectas en el cine y advertir anuncios de amenazas potenciales. Sabemos que muchos de los recursos lingüísticos para la acción, si bien varían culturalmente en forma, parecen exhibir una organización bastante similar en la interacción, por ejemplo, en el diseño de preguntas y sus respuestas, en la procura de enmiendas ante problemas de escucha y comprensión, o en la preferencia en el ordenamiento y expectativa de ciertas acciones y actividades por sobre otras en la conversación cotidiana.

Sabemos también que, justamente por su carácter social, la práctica lingüística es el espacio por excelencia para la negociación de relaciones sociales a partir de deberes y derechos asociados a la performance de identidades. Sabemos, por ejemplo, que en la cotidianidad más casual, las disculpas exhiben un diseño proporcional a las ofensas que buscan remediar en relación con potenciales daños a la imagen. O que a través de la dilatación, la pasivización y la composición silogística de los enunciados, la provisión de “malas noticias” en la consulta clínica pueda tornarse una actividad solidaria e imprimir empatía en la racionalidad aparente y estereotípica de la práctica médica. O que, por último, no sea difícil que una entrevista a un candidato político de origen andino se torne un ejercicio tutelar propio del más perverso salón de clases a partir del control de los turnos, la corrección explícita y el habla simultánea.

Sabemos, finalmente, que el lenguaje no es un medio transparente para describir el mundo, sino que, en tanto hecho social, en él se manifiestan ideologías de diversa índole y a través de él se reproducen y naturalizan desigualdades, injusticias y se ejerce poder. Sabemos que las metáforas de guerra, la disociación en la deixis y la negación aparente son recurrentes en el discurso que sustenta la discriminación. Sabemos, además, que estas son construcciones retóricamente efectivas y que suelen ser aprovechadas, recurrentemente, en la discusión política. Sabemos, igualmente, que tanto como para reprimir y fraccionar, el lenguaje puede visibilizar el género, darle voz al oprimido y contribuir al cambio social. Sabemos pues, a fin de cuentas, que el lenguaje en sociedad, mucho más que adecuar conocimiento lingüístico al mundo, es el lugar por excelencia para fijar significados y construir conocimiento y subjetividades.

Si por lenguaje o quizás mejor por lingüística entendemos solo el conjunto de saberes sobre la estructura lingüística, su asiento biológico y su adecuación contextual, no hay pues espacio para reconocer el papel activo del lenguaje en la organización y reproducción de la sociedad. O, con Foucault, para ponerle límites a lo que puede ser enunciado. Ahora bien, si definimos, el lenguaje como un tipo de práctica social y observamos su dinámica más allá de una noción escueta del “uso”, podremos saber mucho más de lo que ya sabemos y en principio hacer más de lo que como sujetos sociales creemos que podemos hacer.


(1) Kress, G. (2001) From Saussure to Critical Sociolinguistics: The Turn Towards a Social View of Language. En Wetherell, M., Taylor, S., & Yates, S. J. (Eds.) Discourse Theory and Practice (29-38). Londres: Sage. (La traducción es mía).

OCP Blog. Orden en cada punto

“Pero si se dan cuenta, o asumen, o deciden que lo que sea que la gente hace es, pues, producto animal a fin de cuentas, quizás más complicado que algún otro, pero tal vez ni siquiera perceptible como tal, entonces, lo que sea que la gente haga podrá ser examinado con el propósito de descubrir la manera cómo se hace, y esa manera puede describirse.

Más aún, podrían comprobar que el hecho de que exista ‘orden en cada punto’ puede ser usado para mostrar lo que, en otras circunstancias, sería tenido como fenómenos extraños […].

Ahora, si uno por fin se da cuenta de que esta es la manera en que las cosas se dan hasta cierto punto, pues no habría mucho problema respecto de qué es aquello que se inspecciona, siempre y cuando se inspeccione con cuidado. Y podrán incluso reparar en que ya cuentan con grandes posibilidades de hacer generalizaciones; en tanto las cosas se encuentran organizadas de tal manera que ese orden es capturable. Esto, sobre la base de que incluso un Miembro, que está expuesto a un ambiente por demás limitado, es capaz de capturar dicho orden, pues las cosas están organizadas de tal manera que se lo permiten” (pp. 484-5, cursiva añadida).

Sacks, H. (1992 [1966]) Lecture 33. On sampling and subjectivity. En Jefferson, G. (Ed.) Lectures on Conversation (pp. 483-8). Cornwall: Blackwell. Traducción mía, el 13 de junio de 2014.